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Suicidio juvenil

Argentina tiene una de las tasas más altas de suicidio juvenil de América latina.

Este fenómeno, que parecía ser un estigma de los países del "primer mundo", crece en la Argentina y nos iguala con indicadores que aparecían como realidades lejanas.

 

Con una tasa de seis suicidios cada 100 mil habitantes, nuestro país tiene uno de los índices más elevados de suicidio juvenil del continente.

Esa tasa representa a casi cuatro centenares de adolescentes y jóvenes de 15 a 24 años a los que la fría letra de las estadísticas oficiales agrupa entre quienes deciden quitarse la vida cada año.

Más allá de los que deciden ejecutar por su propia mano una sentencia que en apariencia nadie les dictó, una encuesta realizada entre 600 jóvenes de entre 14 a 24 años descubrió que más del diez por ciento de ellos había pensado seriamente en alguna ocasión en optar por el suicidio.

 

Todos los misterios

El suicidio ha desvelado a todos lo que quisieron comprender esa amalgama entre la muerte y la vida.

El enigma que plantea el suicidio no es menor: a la muerte hay que sumarle el problema de la voluntad humana.

Por un instante, el ser humano rompe todas las reglas de la naturaleza y decide eliminarse.

  • ¿Qué hace que una persona decida terminar con su vida?

  •  ¿Cómo afecta esta decisión a quiénes lo rodeaban?.

Hasta no hace mucho tiempo atrás, el suicidio juvenil era propiedad de sociedades como la japonesa y su gran exigencia o de las nórdicas y su abundancia.

Sin embargo, globalización mediante, la sociedad argentina mezcla la exigencia cada vez mayor, con un deterioro en la calidad de vida, expectativas e incertidumbres respecto al futuro y una abundancia que toma aspectos de quimera.

En definitiva, absorbimos los males del Primer Mundo sin gozar con sus beneficios. ¿Y los que quedan?

El suicidio tiene sobre ellos consecuencias severas.

 

El presidente de la Asociación Argentina de Prevención del Suicidio (AAPS), Carlos Martínez, explicó que cuando ocurre un suicidio hay que pensar en "un ámbito de irradiación de por lo menos siete personas y si se trata de un adolescente o joven, su decisión involucrará a sus padres, hermanos, primos, compañeros de facultad y de trabajo".

Según el especialista, la escuela puede transformarse en un escenario especialmente dramático luego de un suicidio juvenil.

"Los primeros sentimientos que aparecen entre los compañeros son bronca y enojo.

Se sienten desestabilizados.

Se preguntan por qué al que se suicidó no le resultó suficiente la vida.

Pero, además, la reflexión sobre la muerte del otro activa la posibilidad de la propia" recalcó.

Con los sobrevivientes hay que realizar un trabajo que los especialistas llaman "postvención" que involucra a quienes quedan vivos y son todas las intervenciones destinadas a ayudar en la comprensión del suicidio.